ANÁLISIS DE LA PELÍCULA

“América hizo mi fortuna”, dice un hombrecillo con bigote insignificante y de aspecto preocupado, y la cámara inicia un lentísimo travelling hacia atrás, hasta mostrar la espalda del hombre al que el hombrecillo cuenta sus penas: Don Corleone (Marlon Brando), el Padrino.

Con esta escena empieza una de las mejores películas de la historia del cine. Reducir a un solo tema o género, un film como “EL Padrino” es hacerle un flaco favor.

No es una película negra como lo eran la de los años 40, no sólo es un film sobre la Mafia, sobre el poder y sus estructuras, sobre la familia.

Parte del atractivo de la cinta reside en la maestría con que se dejan cabos sueltos, miradas que salen de la sórdida y sangrienta trama, detalles que la impregnan de humanidad, sin por ello, justificarla.

UNA OFERTA QUE NO PODÍA RECHAZAR

“Hice EL Padrino, porque estaba arruinado y lleno de deudas” dijo Coppola en unas declaraciones, años después de rodar el film y la tendencia a calificarla de película alimenticia tienta a muchos de los exégetas de la obra.

Sería ocioso tratar de dilucidar los motivos que le llevaron a dirigirla, pero a los ojos de cualquier espectador, está claro que los grandes temas recurrentes de la filmografía de Coppola están presentes en “El Padrino”.

Cuando Coppola se encontró con el proyecto no era todavía nadie en la industria como director de cine. Los directivos de la Paramount pensaron en él buscaron alguien con oficio y con entroncamiento en la comunidad italiana, que pudiera limar las asperezas que se presentaran.

INICIO COMPLICADO

El proyecto al llegar a manos de Coppola, todavía era material virgen, sin reparto adjudicado.

La madurez narrativa, el sentido de la elipsis, la mano maestra en la dirección de los actores, el poderoso sentido del encuadre que siempre recorta el adecuado fragmento de la acción de forma que produzca el impacto deseado, de que Coppola hace gala en el film, no son el producto de un mero oficio, el resultado de un encargo, sino la dedicación, el arte de un cineasta que sabe utilizar todos los recursos de los que dispone para narrar una historia que en manos de otro director, nunca hubiera producido el impacto que causa la visión de la película y que permanece en sucesivas visiones.

FOTOGRAFÍA

El excepcional trabajo de Gordon Willis, el director de fotografía, no es sólo el fruto de su gran inspiración, sino el resultado de las largas sesiones con Coppola, buscando los matices que debía tener cada aparición del Don, creando esas tenebrosas y “falsas” luces que apenas iluminan su despacho, “recreando” la deslumbrante luminosidad de Sicilia.

LOS ACTORES

Fue Coppola el que insistió en que Brando interpretara al Don, y de que Al Pacino fuera el nuevo Don, ante la oposición reiterada de los directivos de la Paramount, que estuvieron a punto de retirarle el proyecto. Para Coppola, Brando era el único actor con aureola mítica necesaria para encarnar al Don.

LOCALIZACIONES

De la misma manera, el director, insistió en rodar en Sicilia las escenas que transcurrían en la isla. La contrapartida a estas peticiones fue que Coppola no percibió salario por el film, sino un porcentaje de los beneficios que diera el film una vez cubiertos los costes.

CONCLUSIONES

El éxito arrollador de la película hizo la fortuna de Coppola y fue su consagración profesional; a partir de “El Padrino”, cualquier película suya ha sido, para bien o para mal, un acontecimiento (Apocalipse Now, Dracula, Cotton Club ,…) y el oscuro mundo cinéfilo se divide entre los que le profesan una admiración sin límites (entre los que me encuentro), y los que le detestan.